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El destino de la silenciosa minoría

Por Rafael Barriga

Al nacimiento, hace seis años, de OCHOYMEDIO, le siguió con prontitud los Encuentros del Otro Cine. Era el prematuro fruto de lo que concebimos al abrir nuestras salas: fomentar la realización de festivales, ofrecer el espacio propicio para que estos se desarrollen, influir a los grupos y las personas que puedan organizarlos. Hoy somos sede de por lo menos seis festivales de envergadura que se realizan cada año, cada uno con su propia dinámica y que están dirigidos, en mayor o menor medida, a públicos de interés específico.

Los amantes del documental –así como los curiosos del cine queer o el cine de montaña– son audiencias no atendidas por las salas comerciales o la televisión abierta. Casi lo mismo se puede decir de quienes gustan del cine europeo, el cine latinoamericano o los cortometrajes. Por ser una evidente minoría, están borrados de las agendas de programación de los cines o las parrillas de los canales. No existen. O mejor, no existirían, si no fuera por los realizadores, productores, gestores culturales y exhibidores que los atienden poniendo en riesgo todo capital económico y de fuerza de trabajo.

Los Encuentros del Otro Cine tienen el valor particular, y se diferencian de los otros festivales que se producen en nuestras salas, por llegar a su público específico –que fluctúa entre los diez y doce mil boletos vendidos por edición en todas las sedes– con películas que ofrecen retóricas que fomentan el debate en otros ámbitos. Es decir, son películas que se prestan a una discusión extra-cinematográfica. Por ende, este festival sirve para festejar la diversidad de opiniones, para valorar la belleza personal de cada mirada (cuando esta existe por supuesto), para desterrar las imposiciones del pensamiento que, inevitablemente, se atribuyen siempre el monopolio de la verdad. Uno desearía, en el fondo del alma, que un festival como este no solo llegue a esta silenciosa minoría (aunque la rápida ventisca de lo que fue el forajidismo diga que no es tan silenciosa), sino que llegue a mayores públicos. Que no sea un festival de interés específico, sino un evento de importancia nacional. Que exista no solo en las pequeñas salas del OCHOYMEDIO sino en salas de toda condición o, aun mejor, en parrillas de programación de canales de televisión nacional.

Algunos intereses específicos deben trascender su delimitación. El cine, por concepto, le pertenece a la masa social. En estos seis años de OCHOYMEDIO y de los Encuentros del otro cine, queda demostrado que aquellos interesados en las cosas del cine y las cosas que este retrata de la vida están siendo servidos, aunque sea mínimamente. Tal vez, ojalá, las condiciones de hoy sean propicias para dar el paso y espolear nuestras iniciativas a un campo de acción y recepción más grandes e importantes.
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