De acuerdo a una vieja leyenda mexicana, el Diablo pide almas durante la construcción de un puente, para garantizar que éste se mantenga en pie.
EN EL HOYO cuenta la historia de los obreros que construyen el segundo piso del periférico de la ciudad más grande del mundo, México DF. Este “puente” de mas de 17 kilómetros de largo es un proyecto urbano impresionante que está transformando la ciudad.
Tuve la suerte de estar en el DF en varias ocasiones durante esta construcción, hospedándome en casa de Bertha Navarro (co-productora de “Crónicas” y suegra de Juan Carlos Rulfo), que queda a dos cuadras del “hoyo” donde se filmó el documental. Varias veces observé a Juan Carlos, solo con su cámara, salir a la construcción, entusiasmado por los personajes increíbles que estaba conociendo. Al regresar, entregaba el material a Valentina Leduc, su esposa y editora de la película, que se fascinaba con lo que veía ahí, ya que ella no quería ver la obra personalmente ni conocer a los personajes a propósito para mantener su objetividad.
La construcción del “segundo piso” es titánica, y Juan Carlos tiene la sabiduría de capturarla a través de los detalles. Al mantenerse dentro de uno de los “hoyos” donde se arman las tremendas columnas que sostienen este mamut, logra concentrarse en el trabajo de hormiga de varios trabajadores, mientras estos filosofan sobre la vida. Y mientras la construcción continúa alrededor.
Así como la memoria de Juan Rulfo fue el pretexto para llevarnos a conocer a los memorables viejitos en “Del Olvido al No Me Acuerdo”, esta construcción imponente es la excusa perfecta para conocer el alma de los obreros de la ciudad de México, con humor y humanismo.
La construcción que vemos en el “hoyo” es una gran sinfonía de caos y cacofonía, con un ritmo y una rigurosidad implacable. Toda la música (genial trabajo de Leo Heiblum) está construida íntegramente con sonidos grabados en la obra, y fue armada paralelamente a la impecable edición de Valentina (una de las mejores ediciones que he visto en mucho tiempo).
El último plano de esta gran película es ya legendario, y logra transmitir el éxtasis que sentimos al captar nuestra insignificancia frente a las grandes obras. Pero también logra mostrarnos que sin las almas de todos esos obreros ese puente no se levanta.